Yo también escribo cuentos resulta ser una antología de
nuevos cuentistas bastante afortunada. La atraviesa el ánimo de lo transversal,
de figurarse desde el lenguaje propio a las áreas de estudio a las que
pertenece cada autor, desde el personal administrativo, estudiantes egresados y
en ejercicio, así como el cuerpo docente. En el oficio de cada cual, se funda
una cosmogonía, una búsqueda y un fin. Desde cuentos de ciencia ficción que nos
narran universos robóticos o pesadillas logarítmicas, hasta cuentos alrededor
de la creación y el autor como semidios; también visitamos las frustraciones
humanas, las pérdidas, el desamor, incluso la fantasía como rescate y necesaria
catarsis (...) aparecen también los cuentos que hablan de nuestra Colombia, de
nuestras miserias y recuerdos, de nuestro dolor. Las regiones que más han
sufrido la violencia en el país, las familias despojadas, los hijos
desaparecidos, el llanto a manera de contención de lo que somos como especie. Es así como el objeto de la creación sirve a estos trece
autores para capitular su propio psicoanálisis. Servirse de personajes reales o
inventados, humanos o llenos de circuitos y mecanismos intrincados, otros
sencillamente utilitarios, otros venidos del sueño como en una pesadilla en
caída libre, otros narrando sus historias desde la página en blanco, otros
exponiendo su vida y resumiendo sus razones y sus patologías, otros hechos de
cuadros viscerales, de óleos, de libros y fantasmas cercanos, todos juntos
hechos de la misma materia... Carlos Andrés Almeyda