En Lumic, una nación diminuta a la sombra de una potencia vecina, el protagonista de esta novela escucha por teléfono dos palabras desconcertantes dichas con acento extranjero: “¡Pronto. Malkroviá!”. Sabe que lejos, en aquel país, vive su madre —esa figura que es a la vez cobijo y rechazo— y lo asalta la idea de que algo grave le ha ocurrido. Asediado por la incertidumbre, debe tomar una decisión inmediata: viajar hacia un territorio desconocido o permanecer en casa. Así comienza una travesía singular que pronto se vuelve un suplicio: un territorio regido por leyes delirantes y costumbres incomprensibles donde el idioma, los paisajes invernales y los personajes excéntricos intensificanlos vacíos y las incomodidades de la infancia y las relaciones filiales. Con precisión e ingenio, Andrea Ciria narra la historia de un personaje que no abandona sus intuiciones. El viajero infrecuente vuelve fantástica la familiaridad de lo cotidiano y revela que el verdadero laberinto no es el mundo, sino el lugar que uno ocupa en él.