La ciudad está
llena de normas, leyes y reglamentaciones para defender el medio ambiente, pero
el desmedido interés por la ganancia económica lleva a que estas sean
ignoradas. La Organización Mundial de la Salud promulga que «Un medio ambiente
saludable es indispensable para la salud». Por otra parte, la Ley 99 de 1993
del Congreso de Colombia, en su artículo 9, afirma que «El paisaje, por ser
patrimonio común deberá ser protegido». La crisis energética, el deterioro de
la calidad de vida de los humanos, la indiferencia frente a la eliminación de
los recursos naturales y la precariedad del espacio público en tiempos de
pandemia nos están obligando a pensar en un nuevo modelo de urbanismo para la ciudad
y en una mejor ciudad para vivir. Este es el reto que enfrenta la sociedad
urbana actual, el cual exige una cultura ética para producir los cambios
necesarios y aceptar que tomará tiempo y mucha voluntad para lograrlo. Entender que el
espacio físico ejerce una gran influencia en el comportamiento de la gente y en
la manera de pensar y de sentir es requisito importante para abordar el tema de
hacer ciudad, de la misma forma que es primordial la valoración del concepto de
desarrollo sostenible. En este texto se expone
el pensamiento del arquitecto Harold Borrero Urrutia sobre la problemática urbana
y sus efectos ambientales y sociales, así como su gran interés en que las
ciudades permitan la relación del hombre con la naturaleza. En ello se centran también
el análisis y las conclusiones de la autora del presente documento.