La diversificación
de las creencias y prácticas religiosas es una de las transformaciones sociales
más significativas del último siglo en México. Aunque la mayoría de su
población no dejó de ser católica, se convirtió en una sociedad pluralizada
religiosamente. Esto fue el producto de varios sucesos sociopolíticos derivados
de la Independencia, que se aceleraron en la Reforma, en el período porfirista,
revolucionario, posrevolucionario y contemporáneo, los cuales han sido un
factor de cambio en el territorio nacional. Con base en los censos oficiales la
mayoría de la sociedad mexicana se adscribió como católica hasta la década de
1970, a pesar de que estaban asentadas otras iglesias en el país desde el siglo
XIX. La población en México se identificaba plenamente con el catolicismo
romano. La escisión religiosa fue asunto de una minoría, permitida como parte
del pensamiento liberal. No obstante, las doctrinas cristianas no católicas fueron señaladas como sectas,
facciones antipatrióticas y extranjerizantes. La ideología de pluralidad
religiosa expuesta por simpatizantes en la Reforma nunca tuvo una razón, porque
se contraponía a los intereses de la Iglesia católica. Sin embargo, desde hace
cinco décadas se viene dando un proceso de modernidad, laicidad y secularización
que ha transformado las preferencias y las adscripciones religiosas de la
sociedad en el país. Nociones como diversidad, pluralidad, interculturalidad,
tolerancia, equidad, respeto y otras similares se han incorporado a la cultura
popular que estuvo inmiscuida en el conflicto entre un anticlericalismo radical
y un catolicismo conservador. La historia de esta mutación es el resultado de
la conformación del campo religioso en México.