Pertenecer a un lugar guarda una relación psicosocial, porque ayuda a comprender lo que somos como seres humanos; no es lo mismo ser argentino que brasileño o mexicano, aunque todos seamos latinoamericanos. Desde esta perspectiva, es posible desentrañar nuestra forma de vivir o estar en un lugar a partir de la teoría que sustenta la topofilia como ciencia del habitar, sobre todo si queremos abordarla sistemáticamente, porque a través de sus hipótesis y conceptos podemos saber por qué hay unos lugares que preferimos sobre otros, por qué nos sentimos felices en unos y descontentos en otros. El filósofo francés Gastón Bachelard se enfocó en cómo el hombre habita los lugares a los que siente pertenencia y sobre los que trata de tener control. A partir de este planteamiento general, Yi-Fu Tuan –considerado el padre de la geografía humanística– estudió las percepciones, actitudes y valores de las personas sobre su entorno inmediato, es decir, los vínculos afectivos que las comunidades establecen con el espacio que consideran como su lugar de origen, al que sienten como suyo. Para dar cuenta de estos postulados, los autores de este libro muestran los testimonios de personas entrevistadas que viven y trabajan en pueblos, barrios y colonias de la Ciudad de México, como parte de sus investigaciones en este terreno.