La República de Turquía ha gozado de una posición privilegiada, al ser un punto de encuentro entre Occidente y Oriente, vinculando geográficamente a Medio Oriente, el Cáucaso, los Balcanes, Asia Central y Europa. A lo largo de su historia, dicha posición ha sido un punto de aproximaciones y distanciamientos, por un lado, debido a la herencia cultural, étnica y religiosa del Imperio Otomano y, por el otro, debido a la conformación de un naciente Estado nación basado en la Turquicidad. A su vez, se ha encontrado inmersa entre el Islam y la laicidad desde los primeros años de la República. Dichos elementos han sido un punto de encuentros y desencuentros, que aunado a factores políticos y económicos llevaron a una inestabilidad política y diversos golpes de Estado, desde la década de los años sesenta hasta la década de los años noventa, con un papel importante del Ejército y la laicidad con base en los principios kemalistas.