Este libro contiene la narración sobre las últimas horas del Maestro Simón
Rodríguez, en medio de condiciones muy duras, describe a
ese espíritu indómito que hasta el último aliento se mantuvo
consecuente con sus principios, a ese viajero de diversos
mundos, inconforme, lúcido y desaliñado, que reprobó durante
su vida, y aun después, los valores y expresiones sociales que
en cualquier tiempo apestasen a injusticia e inhumanidad. Un
hombre – Maestro – irreverente hasta el último suspiro.
Y es que no encuentro mejor título para esta valiosa obra,
que no requiere de prólogos que la argumenten o la defiendan.
Su valor reside en sí mismo, en el valioso contenido que
recorre, desplegando el carácter polifacético del pensamiento
de Rodríguez y su profunda significación.
Yo creo que no es posible leer al Maestro como si no hubiera
ocurrido nada, más aún en tiempos que nos exigen una enorme
responsabilidad. Tiempos donde, en términos de Ricoeur, urge
el deber de la memoria. Y es que estamos obligados a repensar
todo, estamos obligados a repensar la política, la educación,
nuestros modos de vivir, todo y, fundamentalmente, a partir
de los conceptos y nociones perversas que les subyacen y
sustentan. Es mucho lo que falta por entender aún.
El pensamiento de Simón Rodríguez constituye una
auténtica puerta del tiempo, que nos permite recorrer, viajar, sin
rutas rigurosas o estáticas del presente al pasado y retornar,
especialmente en tiempos donde exhibirse basta y pensar
sobra, para volver a pensar y entender, reconocerlo en nosotros
y en los mundos posibles por construir.