[...] aun desconociendo si era por hambre o por verdadero
gusto, los secuestrados consumían dichos animales con cierto aprecio y emitían
juicios sobre sus sabores y texturas como una forma de establecer su
complacencia alimentaria y sentirse satisfechos con lo que comían. Igualmente,
definían puentes de comparación con alimentos más comunes para ellos antes de
su secuestro. Así, contrastan la babilla con la langosta, o el mico con la
carne de res que demuestra que, de alguna forma es enconaban gusto a los
alimentos proporcionados por s captores [...] [...] en aquellas conversaciones gastronómicas comentábamos
sobre la comida que nos daban a diario. Era una manera de pasar el rato.
Hacíamos verdaderas críticas, como si fuéramos expertos en el tema, sobre los
alimentos que nos servían [...] [...] el aceite flotaba sobre el plato, su sabor era
desagradable, pero era lo único que había para comer [...]