Durante el siglo XX los vehículos motorizados, en especial el automóvil particular, alcanzaron una relevancia insospechada que no solamente compitió en esta escala con la arquitectura y la ciudad modernas, sino que influyó en ambas al grado de llegar a caracterizarlas en el imaginario colectivo y en la interpretación urbana de sociólogos, economistas, filósofos, académicos, investigadores, periodistas, poetas, arquitectos, urbanistas, etcétera. El explosivo aumento del parque automovilístico mundial durante las últimas décadas del siglo pasado trajo consigo gravísimos trastornos urbanos, sociales, económicos, climáticos y ambientales a nivel mundial, los cuales no solamente son evidentes a través del gravísimo caos vial que impera en la mayoría de las ciudades modernas, sino sobre todo en términos de una severa disminución en la calidad de vida de la población mundial por los efectos de la contaminación ambiental, el incremento de la violencia y de los múltiples riesgos para la salud pública que derivan del abuso de los automotores.