La vida fragmentada, solitaria, desgarrada, pero a la vez tierna y en algunos casos esperanzada de unos seres que no parecen tener futuro, se revela en este libro de cuentos, cuyo eje central es el cine, con sus luminosidades fugaces, sus relatos virtuales, sus fantasías maravillosas y atroces, en donde los hombres y las mujeres citadinos acuden para soñar y ver reflejadas en la pantalla, de mentiras, las historias que se viven como verdades cotidianas. Existe correspondencia significativa entre una realidad virtual fabricada en los estudios de cine y la realidad real que enfrentan y padecen los protagonistas, para que la propuesta estética funcione sin artificios. Para lograrlo, el narrador hace que tanto la oralidad como la estructura de los relatos estén cruzadas por los referentes cinematográficos y literarios que se han pegado a la piel de estos jóvenes que se niegan a perder su identidad de barriada y que la expresan en el mismo melodramatismo de sus existencias. Utilizando recursos técnicos de variada índole, en donde se destacan los intertextos provenientes de la literatura, el arte, la historia, la cultura urbana, los comics, las fotonovelas, las radionovelas, y desde luego el cine, el autor muestra una ciudad y unos seres escindidos entre lo que aspiran a ser y lo que son en un medio hostil, para dar crédito al titulo del libro, Retazos de ciudad: esto es, fragmentos de amor fugaz, pedazos de celuloide para editar en una vieja moviola, trozos de vida a media luz. Utilizando recursos técnicos de variada índole, en donde se destacan los intertextos provenientes de la literatura, el arte, la historia, la cultura urbana, los comics, las fotonovelas, las radionovelas, y desde luego el cine, el autor muestra una ciudad y unos seres escindidos entre lo que aspiran a ser y lo que son en un medio hostil, para dar crédito al titulo del libro, Retazos de ciudad: esto es, fragmentos de amor fugaz, pedazos de celuloide para editar en una vieja moviola, trozos de vida a media luz.