Prólogo
Las mañanas son ahora más suaves
Es todo lo que hoy tengo
Las guirnaldas son para las reinas
Nadie conoce esta menuda rosa.
Salvo dos veces nunca perdí tanto
Nuestras vidas son Suizas
Nuevos pies corretean mi jardín
Fue un bote tan pequeño -tan pequeño-
Sobrellevar nuestra porción de noche
En harapos -como estos- misteriosos
Háblale con prudencia a un mendigo
Si esto es desvanecerse
Aprendemos el agua de la sed
Alma ¿querrías apostar de nuevo?
¡Ah, dulce Nigromante!
Si no estuviera viva
No tengo nada más para traer, lo sabes.
Arde -dentro-la lámpara, segura.
Me gusta una mirada de agonía
Tenía entre mis dedos una joya
Respiré lo bastante para aprender el truco
Soy nadie. ¿Tú quién eres?
No puedo estar sola: Como si yo pidiera una limosna
Poco sería querer perlas
La llamarada roja es la mañana
El corazón pide primero el goce
Le tengo miedo al hombre de palabra frugal
Era muy tarde para el hombre
Habito la posibilidad
Las mejores ganancias
Este callado polvo fue señores
Haz amplio este lecho
El primer acto es el hallazgo
Nos hacemos viejos para el amor
Una puerta que se abre en una calle
La clara relación del alma
El monte está sentado sobre el llano
Haber perdido todo me ha evitadoGuía a las criaturas elegidas
El amarillo en la naturaleza
Di la verdad entera pero dila sesgada
Para llevarnos a lejanas tierras
Una cinta de seda
El que no ha carecido
No te acerques mucho a la casa
Contempla este pequeño
Es la muerte el sumiso pretendiente
Tus pensamientos no tienen palabras
No supimos que iríamos a vivir ni sabemos
El cielo del verano es poesía
Sin ver, sabemos
Cuándo nos vamos nunca lo sabemos
Sus pérdidas afrentan nuestros logros
Que sea hontado para siempre el árbol
Comió y bebió de las preciosas
Arrebátenme todo, pero déjenme el éxtasis
Hay una soledad del mar
Bebí un trago de vida
Joven ateniense