Plaza Iglesias se ubica en la geografía entrañable de los afectos y lazos interpersonales; recoge los personajes y paisajes de una experiencia vivida por muchos, relegada a las bodegas de la memoria por las urgencias del presente, pero que puede ser recuperada con deleite y provecho. En una Alajuela de calles atascadas, de casas cerradas con verjas y portones, de negocios blindados con cortinas metálicas, de espacios públicos peligrosos y deprimentes, usted nos recuerda otra Alajuela distinta. Y lo hace con historias e imágenes. Una ciudad ciertamente más pobre, abundante en pies descalzos y ropas desgastadas; pero era una Alajuela donde la gente, sin importar su condición social, se conocía, se saludaba y se daba bromas; una Alajuela donde existía un intercambio permanente de miradas y voces entre las casas y las calles; una Alajuela donde se salía por las noches a “ver ventanas” en las tiendas y almacenes; una Alajuela donde cada uno era un miembro identificable de una comunidad viva, no un bípedo anónimo absorto en sus propios asuntos.