El escritor Jabbar Yassin Hussin describe parte de su infancia en Iraq, desde donde tuvo que exiliarse por cerca de treinta años a causa de una dictadura. Al retornar, se dio cuenta de que inicialmente se sentía extranjero, sin embargo, su alma hundió allí sus raíces. Edgar Morin, autor del prólogo, señala: "Quien ha vivido en el exilio experimenta en sí mismo, a su manera, una experiencia antropológica: el ser humano vive exiliado de la Verdad, exiliado de lo Absoluto, exiliado del Infinito, exiliado del Cosmos. Pero también, como dice Dimitri Anales, el exilio es la más alta de las patrias. Vivir es aceptar valientemente el exilio, que ofrece como viático la amistad, la fraternidad y el amor."