En una época tan compleja donde la
narrativa , compuesta de novela,
cuento, series y arte
cinematográfico existen en gran medida p ara reafirmar lo que concebimos como correcto y para reafirmar conciencias, el teatro se mantiene como un espacio crítico por excelencia. C uando
las curaciones milagrosas, las vendas y las moralejas se agotan , es necesario acudir a la sala de emergencia … porque para ciertas dolencias humanas , una operación a
corazón abierto es el único bisturí
capaz de abrir el tórax de nuestras certezas. Sin peripecia no hay evolución. Esto hace precisamente la obra Moralmente i nimputables de Víctor Hernández.
Nos desbarranca sin
previo avis o a un
territorio tectónico donde nadie est á libre
de pecado, no hay
buenos o malos, y nada es lo que parece porque e n su obra, como en la vida y el teatro, nada es tan
fácil. E n e st e
texto que exuda teatralidad, pletórico de buenas intenciones y decisiones
cuestionables , encontramos hombres
y mujeres fracasando en un pueril intento por existir. Aun cuando
los personajes se confiesen ante una cámara para un supuesto documental que
jamás será editado ni visto por persona alguna, intuimos que no habrá redención
posible ni libreto que los excuse, tendrán que cargar la cruz de seguir siendo
hasta el fin. Xavier
Villanova