Como cualquier otro sistema sociocultural, la ciencia no puede considerarse un ente aislado de los contextos en los que se produce, se recrea y se utiliza. No obstante, su historia ha permanecido tradicionalmente aislada de las visiones más integradoras sobre el pasado de las sociedades. Sea por el nacimiento mismo de la historia de la ciencia como disciplina, cultivada originalmente por los propios científicos interesados en construir sus mitos de origen, o por la pretendida singularidad de su objeto de estudio. Actualmente, los historiadores de la ciencia tienen sus propias publicaciones, muchas veces departamentos universitarios específicos y hasta trayectorias académicas peculiares. Pero ello no significa que la ciencia no sea un componente fundamental de estructuras más amplias, ni que su influencia más allá de sus fronteras no resulte mucho más relevante de lo que, en muchos casos, podría deducirse a partir de la lectura de un tratado de historia general.