Desde 1917, el nombre de Mata Hari ha sido sinónimo de mujer traidora. Decenas de escritos y de filmes la han presentado como una seductora perversa y una espía despreciable. El laureado dramaturgo costarricense, Jorge Arroyo, asumió en la obra Sentencia para una aurora la tarea de rescatar a aquella mujer de la ignominia, y nos la muestra como la víctima expiatoria de innombrables maquinaciones. El autor crea un arquetipo teatral magistral, empero, sobre todo, construye una parábola sobre el despreciable negocio de la guerra, y denuncia la bajeza a la que se puede llegar cuando el ser humano cabalga sobre la ambición y el odio. Mata Hari: Sentencia para una aurora, es una pieza esencial que advierte acerca de lo que nunca debe repetirse. La obra cuenta con varias fotografías a color de la puesta en escena con los integrantes de la obra y además muestras de los afiches de la época de su estreno.