Hablar de Rafael Montejano y Aguiñaga es hablar de historia, literatura y cultura. Es hablar de la importancia que tiene la conservación y salvaguarda documental, de la dedicación y pasión con la que se puede y debe ejercer una profesión y un oficio por el cual se vive intensamente día con día. El estudio que ahora presentamos no pretende llenar ese vacío, pero sí quiere ayudar a llenarlo. Para ello contamos, en primer lugar, con el valioso epistolario de Manuel José a su esposa —inédito aún—; con los papeles y manuscritos del poeta, con la historia de San Luis Potosí, lugar donde Othón nació, vivió y murió; y con el conocimiento del ambiente que lo rodeó al iniciarse y descollar en las letras. Escudriñamos fuentes de primera mano, desconocidas, o no estudiadas hasta ahora. No pretendemos analizar ni toda la vida ni toda la obra de Manuel José Othón; atendemos a aquello que a nuestro juicio es lo capital en él. De los hechos, escogimos los que influyeron en su ideología; de las ideas, las que sirvieron para dar forma a su carácter y a su estro; y para el conocimiento del hombre-Othón preferimos dejar que hablaran sus cartas —sinceras, espontáneas, ingenuas— y quienes lo conocieron y trataron.