Los expertos se han enfrentado a la difícil tarea de comprender las verdaderas ideas de Platón a partir de las voces contradictorias con que las expresó, pero no han logrado dar pleno sentido a las incompatibilidades presentes dentro y entre los diálogos. En Los filósofos de Platón , Catherine H. Zuckert explica por primera vez cómo estos dramas en prosa se articulan para revelar su coherencia, siguiendo el orden en que su acción tuvo lugar, y no su supuesta datación cronológica. En los diálogos iniciales, los filósofos no socráticos plantean los problemas políticos y filosóficos a los que Sócrates intenta responder; en los intermedios se desarrolla su estilo distintivo, y en los finales encontramos interlocutores que revelan las limitaciones de su propuesta. Y en todos, Sócrates es el personaje principal porque se pregunta ¿cuál es la mejor manera de vivir? Pero no lo hace de manera consistente, sino probando distintas posiciones con sus interlocutores y en contextos diversos. Platón convierte esa variabilidad en la prueba de que la filosofía no es una doctrina fija, sino una práctica que cambia con las circunstancias y las tensiones. Así, mientras otros estudiosos vieron en la inconsistencia de Sócrates la marca de su imperfección, Zuckert encontró en ella la coherencia de los diálogos.