Capella Toledo declaró asumir la defensa de la verdad al revisar ficticiamente los acontecimientos históricos, pero no pudo evitar seguir los procedimientos de la literatura y exponer sus desacuerdos al interpretarlos, desvertebrando el discurso del que parte y que desea preservar. Esta ficcionalización de la historia es, por otra parte, una inclinación común entre los autores de la región, desde contemporáneos suyos —como Juan José Nieto y Manuel María Madiedo—hasta autores posteriores como Rafael Caneva, Álvaro Cepeda, Gabriel García Márquez, Álvaro Miranda, Ramón Bacca y Guillermo Henríquez. Todos se interesaron por recrear los conflictos, extravíos y perplejidades de la historia desde distintas poéticas, pero guiados por la libertad de rodear, eludir y contrariar los archivos oficiales. La literatura del general es valiosa: en varios de los relatos demuestra soltura, riqueza de estilo e inventiva, hasta el punto de hacer difícil separar la realidad histórica de la ficción. Sirva esta edición para que Leyendas históricas encuentre nuevos públicos y nuevas lecturas en este siglo XXI, casi ciento cincuenta años después de la primera publicación del libro.