Los cuentos que conforman este libro están hilados a partir
de una idea de moralidad, en ellos está presente lo sublime y lo pérfido de la
condición humana; sin embargo, lejos de pretender ser un compendio de recetas
para el buen vivir, exigen del lector una toma de posición, una suerte de
participación en los dilemas a los que se ven enfrentados los personajes por
asuntos que, aun siendo cotidianos, los cuestionan y en algunos casos los
abruman, llevándolos a actuar de maneras que, tal vez, no encajen dentro de la
moral del lector. Un narrador atento a los detalles, un juego inquietante de
un personaje con un otro que lo habita, una voz que recuerda historias y amigos
de la infancia, o la grandeza de un padre que, a pesar de haber perdido mucho,
conserva intacta su entereza. Son estos algunos elementos de estas historias
que trascurren en una Medellín de mediados de los ochenta, en esa zona de El
Poblado antes conocida como El Frito.