Tras el golpe de estado de 1973, perpetrado por Augusto Pinochet y respaldado por los Estados Unidos, Chile se abrió al mundo y el mundo se abrió para Chile como nunca en su historia: los exiliados políticos chilenos fueron repartidos y se repartieron por todos los continentes, lo que naturalmente dejó una huella casi universal. México fue uno de los países latinoamericanos que dio asilo y acogida a un grupo específico de chilenos y chilenas. Para ello hubo, por una parte, razones históricas, políticas, culturales y académicas y, por otra, alianzas personales que desempeñaron un papel determinante en el apoyo que brindó México al exilio político chileno. La autora contribuye a la comprensión del impacto del exilio político, de los años setenta, en la historia de Chile y México y de esta manera amplía la visión de la Historia política y social de América Latina en el siglo XX.