La vida por venir es un libro cuyos textos dramáticos que lo
integran apuestan por formatos que, si bien se ha ido incorporando a cierta
estandarización del género, también guardan aspectos reconocibles de las formas
con las que interactúan. Por su parte, “Se equivocó la paloma” va de los
soliloquios expositivos y anafóricos al diálogo cotidiano que, a veces,
adquiere tintes metafóricos. La exposición temática del texto sobre una
violencia ejecutada por un sistema corrupto y un contexto que adquiere niveles
de horror gracias al ejercicio impune del crimen organizado, se entreteje con
una estructura semiabierta que obliga al lector/espectador a seguir la
construcción de una trama con cronología alterada, a fuerza de llevar a cabo el
ejercicio de la memoria que se contrapone al entorno violento. En “Paseo Bolívar 401”, vemos el
acontecer de la cotidianidad que se da, desde los elementos narrativos
incorporados al drama, como el camino para develar el estancamiento que un
contexto habitado por las fantasmagorías de lo habitual erige en calidad de
lápida de lo consuetudinario. La apuesta de integrar a la trama y a la mecánica
dialogal de la obra una interacción con elementos de la virtualidad que alteró
para siempre el proceso interacción y relación entre personas desde principios
del siglo XXI, pretende dar fe de cómo lo anodino y lo banal han adquirido no
sólo carta de naturalización por antonomasia en la vida (pos)moderna, sino que también
han devenido en estrategias de sofocamiento de lo humano y del individuo. La vida por venir puede ser así, tanto una descripción del mundo
que se abre, pesimistamente, en cada una de las historias que sendos textos
cuentan, como el reclamo de lo que habrá de llegar después de las etapas del
desaliento que la vida (pos)moderna ha instaurado.