Latinoamérica se encuentra en el centro de la agenda jurídica y política
reciente. La prisión, lejos de perder protagonismo, se ha posicionado
como una de las instituciones preferidas por los gobiernos regionales
para responder a las manifestaciones criminales resultantes de la inequidad
social. En un contexto de pobreza exacerbada, violencia y criminalidad,
el protagonismo excesivo de la pena privativa de la libertad explica
el colapso de un aparato penitenciario que no responde a la creciente
segregación punitiva. Su éxito supone su fracaso paralelo. El resultado
más visible de esta paradoja es la violación masiva y sistemática de los
derechos fundamentales de las personas presas. El hacinamiento, la
violencia, la escasez de programas de resocialización, la selectividad del
encierro y la utilización abusiva de la detención preventiva son preocupaciones
comunes para activistas jurídicos y funcionarios públicos.
Tanto unos como otros pronuncian estos enunciados para justicar una
misma necesidad y una agenda común: intervenir y reformar.
El presente libro incluye dos artículos que, desde una perspectiva crítica,
analizan la situación carcelaria en América Latina y en Colombia durante
las últimas tres décadas, caracterizadas por la expansión del sistema
penitenciario y la creciente intervención judicial que pretende mejorar
las infames condiciones de vida de miles de personas privadas de la
libertad pero que, a su vez, legitima un modelo punitivo inhumano y
excluyente.