Estamos ante una visión de conjunto de las circunstancias históricas, sociales y culturales que rodearon la consagración de la Constitución de 1917 y, a su vez, sentaron las bases que la convertirían en el ícono de la legitimación de los principios revolucionarios. Se resalta la importancia fundamental de esta concomitancia para la construcción y consolidación del poder político. Además, se ratifica la manera en que este proceso legitimador conllevó el nacimiento de un nuevo imaginario que, a lo largo del tiempo, consolidó las identidades políticas, la historia oficial y dotó de significados a los grupos e instituciones sociales participantes. El carácter interdisciplinario de esta obra permite ver, desde diferentes perspectivas, los orígenes de la pervivencia y consolidación de la Carta Magna en el imaginario cívico posrevolucionario y da luz sobre las variantes interpretativas, los modos de representación y los juegos de poder en dichos transcursos consagratorios a la vez que da cuenta de su mutación simbólica.