El relato del historiador incorpora una interpretación sensata de una realidad ya inexistente, La historia que se relata a continuación tiene sus personajes principales: Felipe Barri, gobernador de la Baja California entre 1771 y 1775, y Antonio José López de Toledo, encargado del real almacén del presidio de Loreto en dos momentos, de 1769 a 1771 y de 1773 a 1774. Sin duda, y aunque secundarios, otras dos figuras de relevancia en esta narrativa son fray Francisco Palou, presidente de las misiones peninsulares en el periodo franciscano (1768-1773) y el dominico Vicente de Mora, rector de dichas misiones entre 1773 y 1781. Los hechos en los que interactúan estas personas acontecen en un espacio específico, el de la microscópica población de Loreto, por entonces sede política y militar de las Californias y centro directivo del sistema de misiones pacientemente construido por los correligionarios de la Compañía de Jesús hasta la sonada expulsión de 1767. La trama intenta ser un discurso explicativo que pone de manifiesto el uso abusivo del poder por parte de quienes lo ejercían en virtud ya fuera de un alto cargo político-militar, de las atribuciones anejas a una obligación burocrática o de un venerable rango de la jerarquía eclesial. De ahí el título de este texto: La pelea de los mandones.