Actualmente, conceptos como educación permanente, continua y recurrente se encuentran estrechamente vinculados con las funciones propias de la actualización, perfeccionamiento y capacitación profesional de la población que labora y trabaja en empresas e instituciones éstas, a su vez, se encuentran relacionadas con la especialización académica o profesional, la cual es una importante medio de formación integral. Según Peter Drucker, estas modalidades son una extensión de dos signos emblemáticos del poscapitalismo: el capital social y el capital humano, hipotéticos factores de producción dependientes no sólo de la cantidad, sino también de la calidad y del grado de formación de las personas involucradas en un proceso productivo. Todos ellos, de una u otra forma, apunta hacia un denominador común: la necesidad de ampliar, enriquecerse o desarrollar el conocimiento y la formación de las personas que culminaron un ciclo o un nivel básico de estudios profesionales y que deben vincularse al mercado de trabajo. Se parte del supuesto de que la formación teórica y técnica alcanzada en la universidad es insuficiente para asumir nuevos retos y exigencias en su ámbito laboral, tecnológico o actividad profesional, en el que el trabajador requiere de un proceso de capacitación superior para adoptarse a las nuevas exigencias y condiciones de trabajo.