Este libro trata de resolver la siguiente pregunta: ¿Por qué
a pesar de sentir las consecuencias de la contaminación atmosférica y de todo lo que se dice y escribe desde las
academias o los medios de comunicación sobre la necesidad de proteger nuestros
entornos, continuamos tercamente destruyendo la naturaleza rural y urbana? La
respuesta que se intenta ofrecer parte del reconocimiento de que el desarrollo
industrial, junto a los ideales de modernidad o progreso individualistas que
hemos asimilado, son los elementos que han provocado el crecimiento desmedido
de las ciudades, la preponderancia del carro particular, la expansión del
asfalto, la pérdida de nuestro contacto con la naturaleza y la aparición de
muchos problemas socioambientales. Ciertamente las disciplinas relacionadas con
la biología, el urbanismo o la ecología, han avanzado mucho en el análisis de
esos temas, pero como hay un abismo enorme entre lo que se predica y lo que se
hace, este estudio plantea la necesidad de romper con el tradicional manejo
elitista del conocimiento y de los espacios geográficos para, desde nuestra
propia perspectiva, construir ciudades deseables de vivir, más amables, verdes
y compactas.