En este libro se analizan especialmente las relaciones entre la nación mexicana, el Estado mexicano y los pueblos indígenas. En el texto se propone un modelo de sociedad auténticamente plural que también sea justa. En particular, se sostiene que en un país multicultural como México donde hay tremendas desigualdades, la solución a la problemática de los pueblos indígenas no es cuestión de caridad ni de alivio de la pobreza, sino de justicia social: el Estado tiene la obligación de establecer políticas de compensación a favor de dichos pueblos, así como de garantizar el ejercicio efectivo de su derecho a la autonomía, y de participar en las decisiones acerca de cómo explotar los recursos naturales de los territorios que ocupan y cómo canalizar los beneficios.