16.00 Normal 0 21 false false false ES-PA X-NONE X-NONE /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman",serif; mso-fareast-language:EN-US;} Parto por decir que la poesía de Enrique Jaramillo Levi goza
de una transparencia que invita a quedarse, para irla desvelando página tras
página en pos de las emociones, sensaciones, reflexiones y paisajes que ofrece. Durante su trayectoria literaria, Enrique Jaramillo Levi,
quien, lo sabemos, brilla en los circuitos literarios de Hispanoamérica y el
mundo más como cuentista que como poeta, nos ha ofrecido apenas una sola estimable
selección de su poesía, previa a la que el lector ahora tiene en sus manos: Recuperar la voz (México, 1994). Esto,
tanto entonces como ahora, debe ser entendido como un riguroso tamiz temporal y
especial en busca de darnos lo mejor y más representativo de su poesía. Algo que es frecuente en sus poemas es el trasvase de
géneros y la presunción de un alto perfil de intencionalidad. Así hallamos poemas
que son propiamente poemas; poemas que parecen historias con un tratamiento
narrativo, y son poemas, valga insistir; poemas que parecen ensayos; poemas que
son aforismos o los contienen; y poemas que se miran a sí mismo gestándose o pensándose:
metapoemas; por mencionar solo algunas de las posibilidades. Es decir, hay un
poeta lúdico, inquieto, empeñado en no repetirse, aunque indefectiblemente lo
haga, que genera unos tejidos (textos) que van directo a la yugular del
pensamiento o al ventrículo derecho del corazón. O a ambos.