Precedidos por “El sueño de lo real”, el bello y esclarecedor ensayo en que Sergio Pitol vuelve al lejano año de 1957 para reconstruir el proceso de conformación del camino que lo llevó a convertirse en uno de los escritores capitales del siglo XX mexicano, los relatos que dan cuerpo a Infierno de todos constituyen una especie de ajuste de cuentas con una infancia plagada –acaso como todas– de pesadillas, fantasmas y catástrofes. En ellos encontramos in nuce el estilo, las obsesiones y los temas que a lo largo de cuarenta años han hecho de la suya una obra narrativa única, singular y, a su manera, atípica, y que han llevado a la crítica española a considerar a su autor como una “personalidad literaria que se cuenta […] entre las más atractivas y originales de la lengua española, capaz de romper los corsés nacionales para conspirar excéntricamente por la universalidad”. Sergio Pitol escribió cuentos, novelas y un excelente libro de difícil clasificación: El arte de la fuga . Además, son célebres sus traducciones de Conrad, Andrzejewski, Austen, Gombrowicz y de muchos otros autores de primera línea.