Si existe un libro mágico en la más profunda acepción de la palabra, es La historia interminable (1979). En él, Michael Ende (1929-1995) asume la suprema aventura de un libro especular en el que las realidades están minuciosamente graduadas y los mundos de lo objetivo y lo subjetivo, al integrarse sin eliminarse mutuamente, encarnan una tercera magnitud sin nombre. La historia interminable pertenece a todos los géneros, pero –como expresión de su eterna juventud– ha elegido como territorio el de la llamada literatura infantil o juvenil. Tal elección era la única imaginable, pero no ha estado exenta de desventajas. En la carta-prólogo a El deseo y la espiral, Ende especifica: “A pesar de que La historia interminable ha sido editada en Alemania en aproximadamente un millón de ejemplares y que ha sido traducida hasta el momento a más de treinta idiomas (o sea, que es un representante de la literatura alemana en el extranjero), [...] en la crítica literaria alemana ‘seria’ y en la germanística académica se considera indigno tomar siquiera nota de ella”. En este apasionado cuaderno de lectura, Daniel González Dueñas afirma: “Muy probablemente, el siglo XX tendrá muy pocas justificaciones ante los ojos severos y objetivos del mañana. Una de esas justificaciones –haremos bien en no olvidarlo– es La historia interminable de Michael Ende”.