Este libro se aparta de discusiones tales como si hay hombres femeninos y mujeres masculinas -que los hay- y pone atención, arbitraria como casi toda categorización, a la manera en que algunos medios de comunicación retratan la imagen masculina, desde la reveladora sencillez del tradicional juego de la lotería, pasando por la publicidad y hasta llegar al cine, que por su naturaleza múltiple, circula tanto en televisión como en prensa. El tema de la masculinidad en los estudios de género inicia, en la sociedad de este tercer milenio, con una crisis que da por hecho la necesidad del Instituto Nacional de las Mujeres (¡y por supuesto que es necesario!) pero que todavía insiste en no considerar a los hombres como un grupo vulnerable a la violencia infligida por otros (hombres y mujeres); por lo tanto, un Instituto Nacional sobre la Masculinidad es, para muchos, impensable y asunto risible. Para el instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el índice de masculinidad sigue siendo el porcentaje mayor o menor de hombres en relación a la población femenina. Pero los índices del comportamiento masculino son motivo de estudio de diversas disciplinas y mientras más se democratice una sociedad, mayor interés habrá en conocer tanto a los hombres y a las mujeres.