Mario Benedetti empezó a tener una fuerte presencia en nuestro país a partir de la publicación de “La tregua”, en la década del sesenta. La preferencia de la que desde entonces ha gozado su obra es incuestionable, pero, de manera distinta a cuanto sucede con otros escritores, la suya no ha sido precedida por el anuncio de premios —a los cuales el autor ha rehuido desde hace muchos años— o por alguna campaña publicitaria.Todo lo contrario. Silenciosamente, tocando la memoria del lector con la sentida honradez de quien se hace responsable de una escritura en franco rechazo de lo exótico y lo alucinante como fórmula para ganar lectores, la suya ha encontrado un sitio particular por otros medios: aun sin proponérselo, recoge un mundo habitado por sujetos que nos recuerdan a nosotros mismos. Justo ese aire de semejanza, que nos hace sentir lectores de nuestra propia crónica, impulsó esta lectura de sus novelas.