No hay lugar a dudas de que, en estos tiempos, la ambigüedad ha tomado el pensamiento. En aras de la Posmodernidad, disfrazando imposturas intelectuales, cualquier institución se reduce a mera propuesta. Y así acontece con el matrimonio, fundamento de la sociedad, y con la hermenéutica, fundamento de la comprensión. El silencio en la mirada se rebela ante esta realidad y desea reconquistar los terrenos perdidos de la verdad. Escoge, para ello, los primeros versículos del capítulo 24 de Deuteronomio, texto intimista y misterioso (de aquellos misterios que anhelan ser descubiertos), indagando en certezas. El silencio en la mirada, a su vez, se revela dual, entre la iglesia y la academia, entre la praxis y el método. Y así acontece con la Palabra que habita en diferentes niveles del conocimiento. Esa es la grandeza de la Biblia, luz para el afligido y luz para el investigador. Tras la lectura de este libro, el pensamiento, abandonando la genuflexión a la que está sometido, se atreverá a musitar eppur si muove.