Durante muchos años hubo constantes peticiones de los obispos de la diócesis de la Nueva Vizcaya al rey para fundar un convento de mojas en Durango. Invariablemente las respuestas fueron negativas. Fue hasta 1852 cuando el obispo José Antonio Laureano López de Zubiría y Escalante obtuvo la autorización por parte del Vaticano. Aquella oportunidad estuvo en sus inicios formada por ocho religiosas que vinieron tanto del convento de Santa Teresa la Antigua, de la Ciudad de México, como del convento del Dulce Nombre de Jesús ubicado en Querétaro. Esta obra, basada principalmente en la documentación del Archivo Histórico del Arzobispado de Durango, describe la vida de las religiosas, así como los rasgos de aquellas mujeres que integraron la comunidad y su relación con el entorno. Además, esboza el difícil proceso de disolución de la orden y los esfuerzos para mantenerla vivían extramuros. Finalmente, nos habla de cómo en 1902 se hizo una refundación de la orden. El texto trata de una parte importante, y muy escasamente trabajada de la historia de la Iglesia Católica en Durango, como es el tema de las comunidades de religiosas, mismo que se inscribe en la –todavía muy joven- historial de las mujeres.