Vista desde las altas esferas del poder español, la de la península de California era una historia de frustraciones que duró ciento sesenta y cuatro años. Desde las primeras aproximaciones organizadas por Hernán Cortés (1533) hasta el establecimiento del primer pueblo de españoles en tierras californianas (1697), los muchos intentos que se hicieron para colonizar aquella transmarina región fueron inútiles. Si bien se consiguió avanzar significativamente en la cartografía del litoral californiano, la corona española simplemente no pudo concretar ninguna fundación que lograra subsistir más allá de unos cuantos meses. Después de tantas expediciones y desembolsos fue fácil que el rey pusiera sus ojos y oídos en una imprevista propuesta, sino infalible, sí cuando menos esperanzadora y, a todas luces, menos costosa: la Compañía de Jesús ofrecía entrar a la península para erigir pueblos de misión sin que ello supiese subvención alguna por parte de las arcas reales.