La lengua es un vehículo al cual tú abordas, enciendes y arrancas a toda velocidad para ir a diferentes destinos. A veces alguno que otro problema encontrarás en tu camino en ese automóvil y requerirás de saber algo de mecánica. Es ahí donde todos nos apresuramos a tratar de repararlo —¿quién querría quedarse varado por mucho tiempo en medio del camino?—. De tanto en tanto, vamos aprendiendo algunos trucos, a explicarnos cómo es que algo tan sofisticado funciona. Ese historial de remedios empíricos es, en muchos casos, el que nos anima a conocer un poco más de este fantástico motor: la lengua, para así especializarnos poco a poco en su enseñanza.