El
derrotero de las ciencias sociales en México y Centroamérica está marcado por
procesos divergentes, coincidentes y contrastantes. Sin duda, esto tiene que
ver en ambos casos, con la formación y el devenir de los Estados nacionales
-específicamente- con las historias seculares acaecidas en cada país. De ahí
que un análisis de dichos procesos implique numerosos enfoques, reflexiones e
interpretaciones. El desarrollo institucional de estas disciplinas ha servido
para revisar una serie de paradigmas que explican la realidad de México y
Centroamérica; paradigmas que, en algunas naciones, han perpetuado y marcado la
formación de las generaciones, mientras que en otros países han servido de
puentes o lazos para transitar a nuevos escenarios de diálogo, crítica y
reforma. Si bien las ciencias sociales y las humanidades han estado centradas
en la explicación de los espacios nacionales, en los tiempos recientes se han
consolidado nuevas escuelas historiográficas y sociales con conexión a una red
más amplia que ocupa espacios integrados por relaciones económicas,
productivas, comerciales y financieras de la región.