Esta obra se adentra en el estudio de los complejos caminos por los que la religión católica se convirtió en el vehículo idóneo para la reconstrucción de las identidades nativas, y demuestra la creativa dinámica de adaptación étnica en la que se movieron los naturales de la Sierra Gorda colonial como estrategia de supervivencia cultural. La aspereza y fragosidad de la Sierra Gorda fue ámbito propicio para que la raigambre otopame edificara espacios marginales: una frontera cultural basada en la reconstrucción sincrética de elementos mesoamericanos, aridamericanos, africanos y europeos entrelazados como un reflejo del mundo occidental en un espejo de obsidiana.