En este texto se abordan algunos aspectos relacionados con las nociones de ambientes de aprendizaje y de aprendizaje autorregulado, cuyos antecedentes tuvieron su origen de manera independiente entre ellas y en disciplinas distintas. Pero en tiempos recientes, con su redescubrimiento, sobre todo con la irrupción de la educación virtual, se han incorporado al discurso educativo, aunque no siempre de manera clara o consistente. El escrito se divide en dos partes, una para cada noción, atendiendo a lo poco que se ha reflexionado, teorizado y acordado sobre ellas y acerca de sus nexos, lo que ha derivado frecuentemente en interpretaciones sin cortapisas o en intervenciones centradas en buenos deseos. Así se advierte en los casos referidos con base en artículos, resúmenes o intervenciones, en los cuales se plantea el diseño o gestión de ambientes de aprendizaje; o bien, ejemplos que señalan estudiar o promover el aprendizaje autorregulado. Con los casos analizados, se advierte que aún queda incertidumbre sobre cuál es el impacto efectivo, alcance o nivel de logro en conocimientos y desarrollo de habilidades académicas o sociales, mediante tales estudios o intervenciones que dicen implementar programas o actividades educativas, con base en ambientes de aprendizaje o mediante la promoción del aprendizaje autorregulado. Parte de la dificultad en la comprensión de ambas nociones es que refieren a procesos complejos, en los que inciden otros procesos, sean personales, sociales, culturales, neurológicos, económicos o emocionales. Se deja entrever que se puede hablar de ambientes de aprendizaje y de autorregulación para muchas situaciones, tareas o actividades. Por lo que es posible describir y analizar una diversidad de ambientes de aprendizaje o de tipos de autorregulación en tiempos diferentes, solo que con modificaciones en modelos, métodos y recursos diferentes presentes en la educación, según la época.