En el antiguo sistema didáctico de la retórica, la tópica proveía ideas generales, enunciados para citar en todos los discursos y en todos los escritos conforme al tema y a las circunstancias. Así, por ejemplo, el autor debía lograr la buena disposición del lector y, por lo tanto, se le recomendaba presentarse con términos de modestia. Tal sucede en el título de Cuatro de copas que enlaza el sistema de la retórica clásica con el lunfardo argentino, expresión tomada en este caso del truco como juego de naipes. Cuatro de copas, es un don nadie, alquien sin valor como el naipe que lleva este nombre, “con escasa preparación “(Quintiliano), que se excusa por rusticistas (Garcilaso de la Vega, Dante Alighieri), o se declarada “angustiado por la pobreza de su ingenio” (Aulo Gelio) y que recurre a diversas fórmulas de humildad (Horacio, San Jerónimo, Cervantes). Cuatro de copas es el título que han escogido Luis Tula, Orlando Van Bredam, Héctor Rey Leyes y Humberto Hauff para dar continuidad a la práctica de la antología, a la amistad en las letras en un homenaje póstumo a Luis Tula y para mostrar que la buena literatura escrita desde un locus situado se proyecta y enlaza con lo universal.