El libro Cuatro cuerpos, una piel presenta cuatro proyectos artísticos desarrollados entre 2019 y 2024 que, como islas en un mismo océano, comparten reflexiones filosóficas en torno a los conceptos de acontecimiento , pliegue e intervalo , y abordan la creación como un homenaje a la existencia. Las obras — Jacarandá, el abanico de la percepción (2019), que indaga en la percepción y la temporalidad a través de la observación de la naturaleza; Intervalo, mar de vida (2020), consolidado durante el confinamiento por la pandemia y centrado en el mar como símbolo del origen y final de la vida; Lugares que nos habitan (2021-2022), una reflexión sobre la trascendencia de los espacios habitados, desde el útero hasta la ciudad; y Canto a la noche (2023-2024), un canto de esperanza que establece paralelos entre el lenguaje de los árboles, la música y la pintura— coinciden en su exploración de la pintura como medio expresivo, cuestionando su emplazamiento en el espacio, sus soportes y materialidades. El texto, estructurado desde la voz personal de la autora, los referentes que iluminaron su proceso y las curadoras de las exposiciones, surge de la práctica pictórica misma y busca dar cuenta fiel de las obras, anudando la reflexión poética con la experiencia creativa para construir sentido en torno a la vida, la muerte, la naturaleza y la transformación.