A través del discurso y análisis de los autores nos muestran que es necesario dirigir la mirada antropológica a las distintas tecnologías que acompañan nuestras prácticas cotidianas y posibilitan la negociación de sentidos entre los participantes en múltiples esferas y tipos de eventos sociales, culturales, políticos y económicos. En vez de asumir la neutralidad cultural de las distintas tecnologías, necesitamos reconocer que se encuentran ya marcadas por distintos valores de signo que, a su vez, marcan a quien las posee y las usa. Hacer una salsa con molcajete o licuadora, tocar las cuerdas de la guitarra o tocar air guitar, y hablar con alguien cara a cara o mediante Skype nos definen a nosotros mismos ante los demás como un tipo de sujetos posicionados en una compleja estructura social, cultural, económica y política. Nuestros usos e imaginarios tecnológicos nos hacen, en realidad, más humanos. Nuestra tecnohumanidad se refleja, a su vez, en la cocina, la música y la comunicación con otras personas basada en la afectividad y la cotidianidad.