Los caprichos son formas musicales donde el compositor es muy libre de mostrar su virtuosismo y brío. La historia de la música nos ha dejado importantes ejemplos: los 24 Caprichos para violín de Niccolo Paganini o los 24 Caprichos de Goya para guitarra de Mario Castelnuovo-Tedesco. Esta novela cuenta de los 24 Caprichos para guitarra (hoy perdidos), la póstuma obra del compositor mexicano Manuel María Ponce -y no Variaciones sobre un tema de Cabezón, como se creía-. Su esposa, Clementine Maurel, es la verdadera autora de esta composición y es, además, la protagonista; es la voz principal de un relato que habla de la desintegración, de lo que hubiera podido ser, de la desunión, del duelo por lo que se ha perdido. Los referentes y personajes que aquí aparecen son reales, pero son temas musicales que construyen los últimos días de una de las parejas más célebres de la historia de la música mexicana: Manuel M. Ponce y Clementine Maurel. De él se sabe mucho y bien; de ella, que era una talentosa soprano y poco más. Esta novela es la reivindicación de los que, como ella, están a la sombra, en un segundo plano, en la lejanía de lo que acapara por su talento. Amorosos, desenfrenados, intensos y ponderados, sin estos seres olvidados por la historia no se sostendría la caprichosa creación de los días, de los meses, de los años, de la vida.