Este conjunto de cantos se enmarca en la invitación a los dirigentes de Acolhuacan y Tlalhuacpan por el de México a las grandes ceremonias cívico-político-religiosas llevadas a cabo en las plazas públicas de Tenochtitlan;7 ellos representan una clara demostración de los cantos entonados y danzados por la nobleza en presenta ción al pueblo.8 Los tlahtoanimeh solían dedicarse a la producción musical, y aprendían tanto el canto como el baile en el mixcoacalli, literalmente “la casa del canto y de la danza”. De acuerdo con la noticia del P. Francisco Javier Clavijero (1731–1787) en su Historia antigua de México (1853), en el octavo mes del calendario ellos cantaban los grandes hechos de sus antepasados y exaltaban toda la élite.9 El último día estaba dedicado al festejo de los nobles y militares; esta fiesta se llamaba hueitecuilhuitl, literalmente “gran fiesta de los señores”, es decir, de los tlahtoanimeh, o incluso de los dioses.10 La glosa incluida por el amanuense a la izquierda del folio 16v define, a grandes rasgos, el tenor semántico de los cantos: “Se dividen en tres géneros: canto florido, canto de águila, canto de angustia, pero están mezclados”.