Los asentamientos humanos requieren la explotación de recursos naturales. Estos posibilitan la subsistencia, desarrollo económico y salud de las poblaciones. Muchos de estos recursos, son facilitados por los servicios ecosistémicos; los cuales, a su vez, son generados por la biodiversidad (Graciano- Ávila et al. 2017). Debido a ello, la explotación no planificada de la biodiversidad y, en general, del medio natural puede perturbar los sistemas de renovación de recursos naturales y con ello, comprometer el bienestar de las generaciones futuras (Gallopín 2003). Al concebir los territorios humanos como sistemas conformados por el medio natural y los aspectos humanos en interacción, se considera que existe un intercambio de variables entre ellos (Gallopín 2003). Equilibrar dicho intercambio contribuye al desarrollo sostenible. Por ello, puede entenderse como desarrollo sostenible, a un tipo de desarrollo que satisface las necesidades actuales sin comprometer las futuras, e involucra la importancia de la conservación y restauración de los sistemas de renovación natural.