Lo que el lector tiene en sus manos es un relato sencillo en su forma y estructura, que reproduce básicamente la secuencia cronológica de los hechos descritos. No me cohíbe en lo más mínimo llamarlo relato ni reconocer que su estilo es llano, fácil, y que en muy amplia medida su contenido es descriptivo. Pero que se trate esencialmente de un relato no implica que el texto sea ajeno al interés de proponer una explicación de los hechos - o, más bien, procesos- que refiere. Yo tengo para mí que el historiador narra para poder explicar y que sin la referencia al acontecer fáctico queda en el aire y aun se torna engañosa toda intención explicativa.